Y cómo evitarlos con una conversación honesta con negocio.
El error más común es medir lo fácil en vez de lo importante. Un KPI útil incomoda un poco: obliga a mirar dónde no estamos bien.
Segundo: definir métricas sin dueño. Sin alguien responsable, el KPI se convierte en decoración.
Tercero: confundir actividad con resultado. Enviar 100 correos no es un KPI; convertir a 10 clientes, sí.