Francia Berna
6 de Julio de 2025

Cuando Anotar Era Pensar: ¿Qué valor le damos a la atención y al compromiso hoy?


Lecciones de Compromiso en un Mundo Conectado

Recuerdo todo con mucha claridad. En aquellos años, el email era casi una fantasía, ¿te imaginas? Ni Hotmail, ni Gmail, ni siquiera uno institucional. Si la sala de clases cambiaba o el horario se movía, la única forma de enterarse era preguntando a un compañero o buscando un cartel pegado en alguna puerta o buscar la secretaria de la facultad del profe. Si alguien faltaba o simplemente olvidaba ir, la información se perdía. Esa era nuestra realidad.

Y ni hablar de tener una duda. Hoy, “Google no cierra” lo resuelve al instante. Pero en mi época, si el profesor decía algo que no entendíamos –y no nos atrevíamos a preguntar en voz alta– teníamos dos opciones: esperar al final de la clase para consultarle o salir corriendo a la biblioteca. Allí nos lanzábamos a buscar en los archivadores, con la esperanza de que el libro que necesitábamos estuviera disponible. Y si, por ejemplo, solo quedaban tres ejemplares de “Ingeniería de Software” de Pressman, ¡la carrera por uno era inmediata! Era una verdadera misión de búsqueda personal y de estrategia.

Siento una fuerte nostalgia al pensar en todo aquello. Yo era de las que siempre se sentaba en primera fila, con mi cuaderno en mano. Mi letra no era la más bonita, pero mis compañeros me pedían los apuntes. Anotaba absolutamente todo, ¡hasta los chistes más fomes del profesor! Y cuando él, con la voz baja por el murmullo de fin de clase, decía: “recuerden que el certamen es la próxima semana”, solo unos pocos alcanzábamos a escucharlo. Si lo hacías, lo anotabas. Y punto.

Tomar notas así nos obligaba a valorar nuestro material. Esos cuadernos llenos de tachones, nuestros resúmenes… se transformaban en auténticos tesoros personales. Eran nuestra guía de estudio, el reflejo tangible de lo que habíamos logrado comprender con nuestro propio esfuerzo. Recuerdo a compañeros pidiendo fotocopias –¡sí, fotocopias!– de resúmenes, porque sabían que allí encontrarían todo bien estructurado, lo importante subrayado, con ejemplos y hasta esos garabatos que el profesor dibujaba en la pizarra. Era un vínculo diferente con el aprendizaje, mucho más personal y comprometido.


De la Búsqueda Manual a la Asistencia Inteligente: Un Nuevo Desafío

Antes, elaborar un trabajo de investigación implicaba una verdadera inmersión. No era solo ir a la biblioteca; era revisar ficheros, consultar varios libros, comparar ideas. Y en ese camino, muchas veces descubríamos información inesperada que enriquecía enormemente nuestro conocimiento, yendo incluso más allá del tema central. La búsqueda era una aventura en sí misma, un aprendizaje incidental valiosísimo que nos obligaba a conectar puntos y desarrollar el pensamiento crítico.

Hoy, herramientas como la Inteligencia Artificial pueden resumir esa búsqueda en segundos. Nos ofrecen respuestas directas, bien estructuradas, liberándonos de la (a veces) tediosa labor de recopilar. Si bien esta eficiencia es una ventaja innegable, también nos invita a reflexionar: ¿estamos perdiendo esa serendipia del aprendizaje? Esa capacidad de tropezar con conocimiento inesperado, que antes era una parte integral del proceso de investigación y que nos ayudaba a formar un panorama mucho más amplio.

Esta inquietud no es solo mía. Un estudio publicado en 2021 por investigadores de la Universidad de Chile en la Revista Latinoamericana de Estudios Educativos sostiene que, si bien la IA ofrece herramientas útiles para la educación, su uso inapropiado puede tener efectos adversos en el desarrollo integral de los estudiantes, impactando particularmente habilidades críticas y el aprendizaje autónomo. Esto nos recuerda la importancia de usar estas herramientas con un propósito claro, sin delegar por completo nuestro rol activo en la construcción del conocimiento.


El Rol Cambiante del Compromiso Personal y Profesional

Cuando empecé a trabajar, esa costumbre de anotar todo me acompañó. Las famosas PALM o BlackBerry eran un lujo inalcanzable para una recién egresada, así que mi fiel libreta seguía siendo mi gran aliada. Y justo cuando logré ahorrar para comprarme una… ¡pum! Salieron los teléfonos inteligentes y todo cambió. La tecnología revolucionó las reglas del juego en muy pocos años.

Y con los smartphones, llegó también una nueva “compañera”: la distracción permanente. Cuando no teníamos celular, poníamos muchísima más atención en clases y en las reuniones de trabajo. Hoy, es casi automático mirar la pantalla. A veces, incluso sin tener mensajes, lo revisamos… por costumbre, por ansiedad, por puro hábito. Nos autoengañamos con el “multitask”, pero la verdad es que no hacemos varias cosas a la vez; simplemente nos dispersamos en todas un poco.

Todo es tan diferente ahora. Las fechas de exámenes se dicen en clase, claro, pero también se publican en la plataforma, hay recordatorios, correos, notificaciones. Y aun así, me pregunto: ¿por qué a veces pareciera que hay menos responsabilidad? Le insisto a mi hija –que vive en este nuevo mundo– que revise las fechas de sus evaluaciones. Yo vengo de una generación que anotaba todo, que se responsabilizaba por lo académico, que aprendió a organizarse sin tantas herramientas externas. Por eso mismo, espero que ella también cultive ese sentido de responsabilidad personal, aunque su contexto sea radicalmente diferente.

Ahora, en mi día a día, trabajo directamente con datos, y es innegable: lo digital no es solo una opción, es mi realidad. Sería impensable procesar la enorme cantidad de información con la que lidiamos sin el apoyo de herramientas digitales o, más recientemente, sin la Inteligencia Artificial. Son aliadas poderosas que nos permiten alcanzar eficiencias que antes eran inimaginables. Pero esta cercanía con lo tecnológico me hace reflexionar aún más: es crucial saber dónde termina la herramienta y empieza nuestra mente crítica. Debemos separar las cosas, usando la tecnología para potenciar, no para sustituir por completo nuestra capacidad de razonar, profundizar y asumir la responsabilidad final.

Y en el mundo laboral actual, aunque existan aplicaciones de IA que toman notas, sigo tomando mis propios apuntes. Como dice el dicho: “lo que no está escrito se lo lleva el viento”. En mi caso, evito que me digan: “pero, si en eso quedamos la reunión pasada”. ¡Nada de eso, señores! Yo anoté y les mandé la minuta. Si alguien no la leyó y se imaginó que quedamos en algo –lo cual puede pasar, porque uno tiene muchas reuniones en un día–, bueno, siempre tengo mi respaldo en papel, en mail y en mi memoria (¡aún tengo espacio, jajaja!).


Los tiempos han cambiado, no cabe duda. Pero la esencia de aprender, de hacerse cargo, de estar presente y atento, tanto en la universidad como en la realidad laboral, sigue siendo la misma. Quizás hoy llegue en forma de notificación, de una app o incluso de una respuesta generada por IA, pero el compromiso personal con nuestro propio proceso de aprendizaje y desempeño profesional es, a mi parecer, más valioso que nunca.

El Próximo Capítulo: La Transformación Digital de Nuestro Día a Día

Y hablando de cambios y nuevas realidades, en una próxima columna me encantaría explorar cómo WhatsApp ha revolucionado nuestra comunicación. ¿Se han dado cuenta de que ya casi no llamamos? Preferimos escribir, mandar audios… ¡y pobre de ti si me dejas “en visto” o si no quieres estar en el grupo de WhatsApp del trabajo, la familia, los vecinos, el del colegio, el de las mamás del curso y tantos otros!

Pero no solo eso. ¿Recuerdan cuando la mamá o los abuelos sacaba todas las cuentas a mano para los gastos del hogar y cómo nosotros calculábamos los promedios de cada asignatura? ¿Se acuerdan de la importancia vital de saber las tablas de multiplicar de memoria y de cómo hoy dependemos de la calculadora del celular hasta para un simple descuento? Este contraste no solo nos trae recuerdos, sino que nos invita a reflexionar sobre el valor de esas habilidades básicas y la agilidad mental que ejercitábamos a diario, y cómo las cultivamos en la era digital. ¡Prepárense para esa próxima reflexión, donde quizás profundice en alguno de estos temas!

Gracias por leer, espero te haya gustado, compártelo para comentar de estas historias!!

Saludos

Francia Berna Sánchez